De León XIII a León XIV, de la Revolución industrial a la IA

, coordinador de redacción | En estos dos meses transcurridos desde la publicación del último número, el mundo ha despedido al papa Francisco y ha asistido expectante a una nueva fumata blanca. El habemus papam nos reveló el nombramiento de Robert Prevost como León XIV. El nuevo papa ha expresado su deseo de seguir la línea de su predecesor. Aparte de su afinidad con Francisco, algunos le vemos un cierto parecido con Juan Pablo II. En todo caso, no es un mero continuador, sino alguien que desde el minuto uno ha dejado claro que tiene su propia voz.
El principal motivo de la elección de su nombre, según ha explicado, ha estado en honrar a León XIII, quien fue el primer impulsor de la doctrina social de la Iglesia con la encíclica Rerum novarum, en el contexto de la Revolución industrial. León XIII abogó por los derechos de los trabajadores en un momento de profundas transformaciones sociales y económicas. Ahora, León XIV ha manifestado la predisposición de la Iglesia para responder «a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo».
El avance de la inteligencia artificial ya está generando cambios significativos. Sus promotores anticipan los grandes beneficios que va a traer para el conocimiento humano, en ámbitos como la medicina. Eso está muy bien, pero a falta de regulación hay cuestiones éticas fundamentales que se están pasando por alto. Me refiero a los millones de puestos de trabajo que podrían perderse o al potencial de la IA para generar desigualdades económicas. De hecho, es ya una amenaza para la creatividad humana y la propiedad intelectual, y puede serlo para la libertad, si se emplea en la implementación de sistemas gubernamentales de vigilancia masiva.
La tecnología ha aportado un avance sin precedentes en las últimas décadas. Es beneficiosa o perjudicial dependiendo de cómo se utilice. Francisco habló de la inteligencia artificial en varias ocasiones. En 2024, en una sesión del G7, expresó que es «un instrumento fascinante y tremendo al mismo tiempo, y exige una reflexión a la altura de la situación. En esa dirección tal vez se podría partir de la constatación de que la inteligencia artificial es sobre todo un instrumento».
Las herramientas que se están desarrollando son muy potentes, pero carecen de una dimensión humana y espiritual. No deberíamos esperar que un algoritmo nos diga, por ejemplo, cuál es la verdad o nos ofrezca una especie de verdad común para todos. Ninguna de las grandes empresas que está detrás de la inteligencia artificial es una ONG con fines humanistas. Además, se han publicado estudios que detectan sesgos ideológicos en los chatbots.
León XIV, en sus primeras semanas como pontífice, se ha revelado como un referente en la reivindicación de un uso justo de estos avances. Según recoge L’Osservatore Romano, ha defendido la «responsabilidad y discernimiento para orientar los instrumentos al bien de todos, de modo que puedan producir beneficios para la humanidad. Y esta responsabilidad nos concierne a todos».