Una Navidad en cuerpo y alma

, coordinador de redacción | Una de las películas que más le gustan al papa Francisco es El festín de Babette. No es una peli navideña, con nieve y renos, pero me parece muy oportuna para las fechas que se aproximan. En más de una ocasión, Francisco ha hecho alusión a esta historia ambientada en el siglo XIX, en un pequeño pueblo de Dinamarca, donde dos hermanas prosiguen la labor de su padre al frente de una comunidad puritana. Su buena voluntad las lleva a acoger a una cocinera francesa llamada Babette, que ha llegado hasta su remota aldea de pescadores huyendo de la guerra en su país.
Resulta que, años después, Babette gana un premio en la lotería y, para agradecer la hospitalidad recibida, se propone preparar una deliciosa cena. Su generosa iniciativa provoca pavor entre los miembros de la rígida comunidad dirigida por las hermanas, porque temen ser arrastrados hacia lo mundano. Francisco, cuando era cardenal, definió la película como: «Un caso típico de exageración de los límites prohibitivos. Sus protagonistas son personas que viven un exagerado calvinismo puritano, a tal punto que la redención de Cristo se vive como una negación de las cosas de este mundo… En verdad, esa comunidad no sabía lo que era la felicidad… Le tenía miedo al amor».
El festín de Babette trata sobre el equilibrio entre cuerpo y alma. Un equilibrio que es aportado por el armonioso catolicismo de Babette. El esmero con el que prepara la cena me recuerda al cariño que mi madre pone cada año en Navidad. No es para menos, porque el nacimiento de ese Niño de Belén es algo muy grande y hay que celebrarlo como se merece. Lucas, en el pasaje de los panes y los peces cuenta que «todos comieron hasta saciarse». A veces, no hay que escatimar.
Una de las claves para los días que se avecinan está en no perder el foco de lo que estamos celebrando. Lo importante no es un bonito envoltorio, sino el interior. El sentido para los cristianos está en esa luz que resplandece en las tinieblas. En ese Niño que viene para traer esperanza al mundo.
No quiero terminar este editorial sin recordar a los damnificados por la DANA de Valencia, que van a pasar una Navidades muy duras. Desde otros lugares hemos visto y oído lo ocurrido con el corazón en un puño. Nos unimos a las oraciones por todos los afectados por la tragedia.