Don de Ciencia (IV)

Árbol

Mons. José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián | ¿Qué medios existen para fomentar este don? ¿Hay maneras concretas para fomentarla? Como siempre decimos que por la oración porque uno tiene que pedir los dones a Dios –pedid y se os dará–, SOLAMENTE EL QUE PIDE CON FE SE DISPONE A RECIBIR, porque tenemos que pedir porque así al pedir vamos creciendo en hambre y en sed de los dones de Dios y cuanto más los pida más conciencia voy tomando que Dios me lo quiere dar y que yo me tengo que disponer a recibirlo.

Otra forma concreta de disponerse a recibir el don de ciencia es procurar siempre ver a Dios en la criatura, dice el catecismo de la iglesia católica en el número 300 que ‘el creador no solo da el ser y el existir sino que también mantiene en cada instante el ser de la creación’. Por lo tanto nosotros tenemos que ver siempre a Dios en las criaturas, Dios siempre está sosteniendo la creación, la creación es un reflejo de la gloria de Dios. Es importante que veamos siempre los dones de Dios, la presencia de Dios oculta en la creación, para así disponernos a recibir el don de ciencia.

Otro consejo concreto de cómo disponernos a recibir los dones de Dios es pensar, hablar y obrar con libertad respecto al mundo, no estar esclavizados por el mundo, sabiendo además que el hombre tiene que ser libre frente a las esclavitudes del mundo. El mundo de alguna manera tiene una visión de las cosas que no es la visión de Dios, recordemos el reproche del Señor a Pedro: ‘tú piensas como los hombres no piensas como Dios’. El hombre tiene que ser libre de la visión del mundo para poder recibir el don de ciencia y juzgar las cosas rectamente según Dios y para eso tiene que tener el don de fortaleza, ser libre del mundo, libre de lo que los demás piensen de él, no acomplejase por verse distinto a los demás. Es muy importante que el hombre sea libre de lo que piensen los demás y como los demás juzgan y valoran el mundo. Aquel que tiene el don de ciencia siempre será distinto, mucha gente le vera como el ‘rarito’ y si no tiene ese don, se puede acomplejar porque también hay que tener el don de fortaleza para poder tener el don de ciencia y ver el mundo distinto a como lo ven los demás. No es fácil juzgar bajo otra perspectiva no cayendo en esa esclavitud.

Otro consejo concreto de cómo disponernos a recibir el don de ciencia es ver en todo la mano de Dios providente. En todo lo que ocurre leer en el libro de la vida. La vida es como un gran libro en el que todo lo que ocurre, TODO, forma parte de una providencia de Dios. Así vemos los acontecimientos no como casualidades, no existe casualidad ante esa providencia de Dios. La casualidad es un nombre que damos a nuestra ignorancia como algunas veces hemos recordado que no existe casualidad si no causalidad, en el sentido de que Dios es capaz de integrar todo lo que ocurre en su providencia divina; en todo lo que ha sucedido, en todo lo que sucede o en todo lo que sucederá. Si somos capaces de ver como la mano de Dios conduce nuestra historia, eso es tener don de ciencia. Ver que en todo lo que está aconteciendo Dios nos está hablando, nos está guiando.

Otro más, guardarse en fidelidad y humildad. El don de ciencia Dios se lo da a los humildes. Dios no le da este don a los que se sienten muy sabios, a los que confían en su ciencia propia. El Señor decía en Lc 10,3: ‘yo te alabo Padre, Señor de cielo y tierra, porque has ocultado esto a los sabios y entendidos y se lo has revelado a los pequeños. Sí, Padre, tal ha sido tu beneplácito’. Este don, El acostumbra dárselo a los humildes, no a los soberbios, no a los que se fían de sus propios juicios y saberes. El mismo SEÑOR JESUCRISTO NO ERA UN HOMBRE DE CULTURA ACADEMICA y sin embargo estaba lleno del don de ciencia, ‘¿de dónde saca este está sabiduría, este conocimiento, no es este el hijo del carpintero? dice el evangelio. ¿De dónde saca esa ciencia? Pues el Señor, no siendo un hombre de ciencia académica, tuvo el don de ciencia, la ciencia del Espíritu Santo que le ilumino y todos se quedaban perplejos. Allí en el templo el Señor era capaz de interpretar la Palabra, el Señor cuando explica y expone sus parábolas es capaz de ver la naturaleza desde el grano de mostaza, desde los rebaños… cualquier cosa es ocasión para explicar la ciencia divina. El Señor está lleno de ciencia y no tiene una ciencia académica. Todo esto nos enseña que este don de ciencia el Señor acostumbra a dárselo a los humildes, con preferencia se lo da a aquellos que no se apoyan en el saber humano, en sus erudiciones. Por lo tanto una buena forma de disponerse a recibir este don es guardándose en humildad y fidelidad. Dice el Salmo 118: ‘tú mandato me hace más sabio que mis enemigos, siempre me acompaña, soy más docto que todos mis maestros porque medito tus preceptos, soy más sagaz que los ancianos porque cumplo tus leyes’. Ser humilde y ser fiel nos dispone a recibir el don del Espíritu Santo.

Podemos añadir finalmente otra cosa que nos dispone a recibir el don del Espíritu Santo que es preocuparse mucho de la pureza de corazón. Hay una relación muy estrecha entre guardar la pureza de corazón y recibir la iluminación de lo alto, solamente así se puede recibir este don de ciencia.

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