La oración cristiana (I)

Meditación

Luis Mª Mendizábal, Ex director Nacional del APOR | Antes de comenzar quisiera recalcar que el tema de la oración, a medida que se va tomando experiencia en la vida espiritual, se considera por un lado un tema muy importante y por otro peligroso. Peligroso ¿por qué? Porque se abusa demasiado de la oración. Hay una ambivalencia en la oración y por eso hoy se habla mucho de escuelas de oración, métodos de oración… con muchos entusiasmos, y parece que puede dar la impresión de que se trata de una asignatura aparte. Hay gente que viviendo una vida como la que hacía antes (sin ningún tipo de conversión) quiere clases sobre oración y dedica largos ratos a clases de oración occidentales u orientales.

Por eso es importante decir que la oración cristiana no es una asignatura sino que se integra en la oración capital de Cristo. Es una vida y está integrada en la vida cristiana. La oración capital de Cristo es inseparable de su vida de unión con el Padre de la cual constituye un momento fuerte. Por eso la vida de unión de Jesús con el Padre es continua pero tiene sus momentos fuertes de oración. Esto lo vemos en el Evangelio. Me parece interesante hacer una observación: no aparece ninguna clase de Jesús sobre la oración. Esto tiene su importancia. No nos imaginamos a Jesús dando unos cursillos de oración, ni enseñando posturas de oración… esto nos ha de hacer reflexionar. Jesús vive de la oración, anima a la oración, enseña prácticamente con su ejemplo a la oración… pero la oración no tiene ningún carácter de una cierta artificialidad como se le puede dar cuando hablamos de escuelas de oración, en las que fácilmente entra una artificialidad. También nosotros tenemos que decir que hemos sido admitidos a una vida con Cristo. A vivir en la presencia del Señor y esta ha sido la gran invitación del Señor para nosotros.

En el Decreto sobre la preparación para los candidatos al sacerdocio, que comienza con las palabras Optatam totius, en el numero 8, se habla de la formación espiritual del futuro sacerdote, y se insiste en que tiene que aprender, en que hay que enseñarle, a vivir unido a Cristo como amigo con toda su vida, y que aquí es donde hay que poner el mayor acento. Ahí es donde se tiene que fundamentar sólidamente y no sólo en el tiempo dedicado a la oración. (Artículo íntegro sólo para suscriptores)

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