Don de Inteligencia (IV)

Desierto

Mons. José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián | Entonces ¿qué seis pasos distingue santo Tomás para que después de haber tenido una intuición primera, a través del don de inteligencia se pueda llegar a la esencia de las cosas?

Lo primero que dice es “el don del entendimiento nos hace ver la sustancia de las cosas ocultas bajo los accidentes”. Con accidentes se refiere a las apariencias en las que se guarda la sustancia. De ahí viene accidental. Es accidental que una persona tenga un color de pelo u otro color de pelo. A eso se refiere, a la diferencia entre sustancia y accidente, entre lo accidental y lo sustancial. Lo que está claro es que lo primero que sale al paso de nuestros sentidos son los fenómenos externos, los accidentes.

La inteligencia penetra hasta el corazón de la realidad, más allá de las apariencias, más allá de lo accidental. Y esto es un don de entendimiento. Que algo pueda ser hecho con facilidad, con penetración, con intuición, con sencillez, sin esfuerzo. Es decir, ver más allá de las apariencias. Los ojos de los apóstoles veían al Hijo de Dios, no se quedaban únicamente en esa imagen humana que dentro estaba ocultando al Hijo de Dios. Los místicos perciben la realidad divina escondida en la Eucaristía y tienen una relación con el Señor en la Eucaristía de una familiaridad completa y total porque parece que casi están con Él. Se habla a veces de que el padre Rubio, un santo jesuita que tenia tal don de entendimiento, se sentía acompañado por Jesucristo de tal manera que cuando subía al autobús estaba a punto de sacar dos billetes. Es decir, estaba continuamente percibiendo la presencia de Jesucristo junto a él. Por tanto, primer paso: ver por el don de entendimiento no las apariencias sino lo q está debajo de ellas.

En segundo lugar “nos descubre el sentido oculto de las Escrituras, nos abre las profundidades de las Escrituras”. A través de ellas Dios nos sigue hablando en el fondo del alma por medio de su Iglesia y de su Espíritu. En el entendimiento de la Escritura es el Espíritu Santo el que nos ilumina para su comprensión. Decía san Jerónimo que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo. Cada fiel recibe el Espíritu Santo que le ilumina el camino de comprensión y de aplicación concreta. Es un don, por tanto, que nos ayuda a ver el sentido profundo del Magisterio de la Iglesia y de la Palabra de Dios. Aquí tenemos una aplicación bien concreta. Por eso a los santos, según iban avanzando en ese grado de intimidad con el Señor y de con-naturalidad con el Espíritu Santo se les caían de las manos muchos libros escritos por los hombres que intentaban explicar las Escrituras. Prefieren leerlas ellos. Como decía san Francisco de Asís, “a mí me gusta la Escritura sin glosas sin que me la estén explicando”. Porque si uno tiene el don de entendimiento y lee la Sagrada Escritura, el Espíritu Santo le explica muchísimas cosas y casi le estorba lo que le diga el teólogo de enfrente. (Artículo íntegro sólo para suscriptores)

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