Comentario al Veni Sancte Spiritus (I)

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Luis Mª Mendizábal, Ex director Nacional del APOR | ¡Ven Espíritu Santo, deseo ardiente del cristiano fiel! El Misterio del Espíritu Santo que se nos da, viene explicado en la liturgia con ocasión de la Fiesta de Pentecostés y queda resumido en esa secuencia preciosa que ha recogido la liturgia romana en el Veni Sancte Spiritus que se puede considerar, y así lo consideraremos ahora, como la cumbre de toda nuestra vida espiritual, como un resumen perfecto de la verdadera oración cristiana, la oración más alta que existe.

Vamos a hacer algunas observaciones sobre esta secuencia, deteniéndonos primero en esa exclamación general: ¡Ven Espíritu Santo!

Para entender como esta oración es una suma completa de la oración cristiana, que es como la clave de bóveda de toda la teología, basta con releer la conclusión de todas las parábolas evangélicas que Jesús expuso sobre la oración. Cuando Jesús insistía en que había que orar, terminaba así: “si vosotros siendo malos sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuanto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Bueno a quien se lo pide”. ¡Ven Espíritu Santo, Ven Espíritu Bueno! Y ¡cómo no lo dará el Señor a quien se lo pide! Esto supone una purificación de la oración, cuando se reduce el deseo del alma a pedir al Señor su Espíritu, su Vida, su Amor… No un amor cualquiera sino su Amor que es El mismo, que lo infunda en nosotros, “para que el Amor con que me amaste, –decía Jesús en la oración sacerdotal–, esté en ellos y yo en ellos”. Al pedir el Espíritu Bueno, el Espíritu Santo, el Don de Dios, se presenta como el objeto supremo y único de la petición. Es el ‘agua viva’ que la samaritana hubiera pedido si hubiera conocido el Don de Dios. ¡Ven Espíritu Santo! “Si conocieras quien te habla y cuál es el Don de Dios, tú se lo pedirías”. Y ahora este fiel que lo entiende, lo pide: ¡Ven Espíritu Santo!

El Padre Nuestro podríamos presentarlo como una explicación o una exposición ético-ascética de esta única invocación. Quien dice: ¡Ven Espíritu Santo! en lo íntimo de su corazón, está diciendo Santificado sea tu Nombre, venga tu Reino. El Reino de Cristo, en el fondo, es la comunicación de su Espíritu. Ven Espíritu Santo, hágase tu voluntad, la voluntad de ser guiado e iluminado por el Espíritu de Cristo. Todo puede resumirse en ese Ven Espíritu Santo. Y cuando viene el Espíritu, El es el que en nosotros llama Abba, Padre Nuestro, porque está en nosotros comunicándonos el Espíritu de nuestra filiación. En este sentido es la más hermosa de todas las oraciones en cuanto resume todo en el simple deseo de un amor más ardiente de Dios. No pide más, un mayor Amor de Dios. San Gregorio decía: ‘cuando recibieron a Dios en la visión de fuego, ellos ardían suavemente en su Amor’. Se trata de esto: de que el Espíritu, que viene a nosotros, nos haga arder suavemente en el Amor. Viene como Espíritu vivo, como Espíritu que es Amor. (Artículo íntegro sólo para suscriptores)

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